La dromocracia o la velocidad como poder

18.10.2022

La velocidad juega un papel muy importante en el mundo actual. Precisamente ha sido la Operación Militar Especial (OME) la que nos ha llevado a darnos cuenta que este es un factor clave en la guerra moderna. Actualmente muchas cosas, o casi todas, dependen de la velocidad con la que se puede obtener la información o transmitir órdenes a ciertas unidades, además de la toma de decisiones con tal de lanzar ataques o concentrar el fuego en un lugar específico con tal de hacer retroceder al enemigo. Estos problemas explican la importancia que hoy tienen los vehículos aéreos no tripulados o drones, las comunicaciones por satélite, el tiempo de transmisión de las coordenadas donde se encuentra el enemigo, la movilidad de las unidades de combate y la rapidez con que son ejecutadas las órdenes que da el comando central. Resulta claro que la OME ha subestimado este problema y ahora estamos pagando caro por ello. Por otro lado, también hemos subestimado nuestra dependencia de las tecnologías digitales y los chips occidentales necesarios para fabricar armas de precisión. El hecho de que el gobierno ruso se haya preparado para una confrontación frontal con la OTAN, pero nunca pensará en desarrollar los sistemas tecnológicos necesarios como para no depender de los producidos en países de la OTAN o en Estados dependientes de Occidente ha resultado ser un error fatal.

Sin embargo, este texto no versa sobre nuestra dependencia tecnológica de Occidente sino del problema de la velocidad. La importancia de la velocidad para la civilización tecnológica moderna fue estudiada por el filósofo francés Paul Virilo, quien propuso llamar a este problema dromocracia. Este término está compuesto de dos palabras griegas: dromos (velocidad) y kratos (fuerza, poder). La teoría de Virilo parte de la tesis de que en la civilización moderna las guerras no las gana el que es más fuerte, inteligente o mejor equipado, sino aquel que es más rápido, pues la velocidad lo decide todo: esto último es la causa de la obsesión moderna por aumentar la velocidad de los procesadores y, en consecuencia, la de todas las operaciones digitales. Sin duda esta es la idea detrás de los desarrollos tecnológicos actuales, ya que todos compiten por ser cada vez más y más veloces. El mundo actual es una lucha por ver quién es más veloz y el que demuestra ser más rápido que los otros obtiene el mayor premio: el poder en todos los sentidos del término (político, militar tecnológico, económico y cultural). Además, el recurso más valioso para la dromocracia es la información, pues la velocidad con la que se transmite la información es la expresión concreta de este poder. Es precisamente la velocidad con la cual circula la información la que determina el funcionamiento de las bolsas o el desarrollo de las guerras: quien es capaz de hacer algo más rápido que los otros gana un poder inmenso sobre los demás. Por otra parte, el hecho de que la dromocracia haya sido elegida como estrategia consciente de dominación también produce efectos extraños sobre nosotros mismos. El futuro adquiere un gran peso en nuestra existencia, de ahí el fenómeno de las operaciones económicas basadas en valores de inversión y los fondos de cobertura, así como otros mecanismos financieros que tienen una naturaleza similar y que prometen cosas que aún no existen.

En los medios de comunicación, la dromocracia se traduce en la transmisión inmediata de eventos que aún no han ocurrido, pero que es muy probable que puedan ocurrir. No se trata únicamente de falsedades, sino de todos aquellos acontecimientos que existen en el ámbito de lo posible, lo probable o lo virtual. Por ejemplo, si somos capaces de predecir un acontecimiento que sucederá en el futuro, entonces no solo podemos adelantarnos, sino también obtener réditos del mismo; algo muy distinto es que este acontecimiento no se produzca. En este último caso las predicciones que se hicieron no son tomadas en cuenta, mientras que, por el contrario, si llegan a producirse tales acontecimientos, las predicciones son confirmadas y los hechos que han ocurrido pueden usarse para conseguir ventaja sobre los rivales. Esa es la esencia misma de la dromocracia: el tiempo no es un elemento sencillo de dominar, pero quien consigue dominarlo alcanza una forma de poder global total sobre los demás. Precisamente los actuales derroteros de la física actual, precedidos por la teoría de la relatividad de Einstein y, en mayor medida, por la física cuántica, hablan de como una vez alcanzada esta supervelocidad la realidad se deforma a nuestro alrededor. Virilo precisamente sostiene que este es el ámbito donde se desarrolla actualmente la lucha planetaria por el poder.

Estas mismas teorías las encontramos en ámbitos más prácticos y menos filosóficos como el las guerras en red: la actual guerra en Ucrania y la OME son precisamente una guerra de esta clase. La principal característica de las guerras en red consiste en la velocidad con la que se transmite la información entre las unidades individuales y los centros de mando. Es por esa razón que los soldados y otras unidades de combate se encuentran actualmente equipados con múltiples cámaras y sensores cuya información es interpretada en un centro de control. A la información recopilada por los soldados se añade igualmente los datos recolectados por helicópteros, vehículos aéreos no tripulados y satélites que son usados para dar órdenes a las unidades militares y fijar blancos. Tal integración en red de la información es convertida en velocidad y esto afecta el funcionamiento de los HIMARS, las tácticas de grupos móviles y de sabotaje o el reconocimiento por satélites Starlink. Las teorías de las guerras en red parten del hecho de que la rapidez con la que se toma una decisión suele ir en detrimento de su justificación: esto significa que se cometen muchos errores de cálculo, pero la rapidez con la que se toman las decisiones permite que tales errores sean corregidos debido a que sobra tiempo para hacerlo. A esto se le suman las operaciones de hacking o DoS: se busca con ellas machacar las posiciones de las tropas enemigas al buscar sus puntos débiles y puertas traseras con tal de debilitarlos. Por supuesto tales operaciones pueden llevar a que las bajas sean significativas, pero en caso de tener éxito vale la pena correr tales riesgos. Además, uno de los principales escenarios de la guerra en red son los canales de información, en especial las redes sociales. Estas últimas no solo son usadas para transmitir información favorable o distorsionar y ocultar aquello que perjudica a un bando, sino que principalmente operan en el terreno de lo probabilístico, siendo este uno de los principios de la dromocracia: lo que hoy percibimos como falso mañana, mediante la estimulación artificial, se convertirá en una realidad. Claro, muchas falsificaciones resultan vacías, al igual que muchos ataques por parte de los hackers resultan inútiles, pero cuando llegan a conseguir su objetivo logran secuestrar y subyugar el sistema de sus enemigos.

Ahora bien, la dromocracia permite igualmente que Occidente ignore las contradicciones ideológicas que existen en su seno: por ejemplo, en Ucrania y algunas otras sociedades se fomentan el racismo y el nazismo – ideologías rusofóbicas por excelencia –por razones geopolíticas, pero en el resto de las zonas controladas por Occidente esta ideología es reprimida y se evita tomarla en cuenta. Este uso del nacionalismo extremo por parte de Occidente se debe a que se desea construir lo más rápidamente posible Estados nacionales que nunca habían existido, en particular en territorios donde habitan pueblos distintos y donde el nacionalismo es un mal que lleva a choques violentos entre los diferentes actores. La necesidad de Occidente de construir un Estado nación hace que se recurra a las formas más extremistas del nacionalismo y el racismo como medio para que la dromocracia acelere la producción de los acontecimientos: se crea un simulacro de nación con tal de quemar etapas históricas mediante la promoción de ideologías radicales, mitos y leyendas sobre la superioridad de tales naciones. El dominio total de la información por parte de las potencias occidentales impide a los pueblos que existen en su seno se den cuenta de las falsas narrativas que les venden los medios de comunicación. Es de este modo que se propagan ideas que no tienen nada que ver con la democracia liberal con tal de fomentar las guerras y presentar a los agresores como victimas y a los que resisten como verdugos. Todo esto se consigue gracias al control de los canales de comunicación. Precisamente la difusión y destrucción de las estructuras neonazis obedece a esta lógica. En Croacia Occidente uso esta táctica con tal de desintegrar Yugoslavia: primero difundió la narrativa de los nazis croatas – neo-ustashas – siendo masacrados por los serbios y después se deshizo de esos molestos compañeros de viaje hasta no dejar ningún rastro de ellos. Como ya hemos dicho, lo importante es la velocidad: el neonazismo aparece rápidamente, cumple su papel lo más rápido que puede y luego desaparece igual de rápido como si nunca hubiera acontecido. No es casualidad que Zelenski actúe de esa forma, siendo un cómico mercurial con una psique volátil y propensa a cambios de humor rápidos: un político perfecto para una sociedad liquida como la actual. En un momento dice una cosa y a la siguiente dice algo completamente diferente. Nadie recuerda lo que dijo anteriormente porque el pasado ya no existe y la velocidad del flujo de información actual ahoga cualquier recuerdo que teníamos anteriormente.

Por otra parte, ¿cómo nos afecta todo esto a nosotros los rusos ? En la primera fase de la OME actuamos de forma espontánea, rápida y decisiva, obteniendo grandes éxitos y capturando casi la mitad de Ucrania. No obstante, en el momento en que comenzamos a ir más lento nuestros enemigos tomaron la iniciativa. Resultó que no tomamos en cuenta las leyes de la dromocracia y la naturaleza de las guerras en red, por lo que al adoptar una postura puramente reactiva terminamos por acabar a la defensiva y perdimos cualquier posibilidad de iniciativa. Vale la pena aclarar que la mayoría de las supuestas victorias de Ucrania son puramente virtuales, pero en un mundo donde prácticamente todo funciona en este ámbito (desde las finanzas hasta los servicios, información, etc.) adquiere un peso indiscutible. La caricatura de paracaidistas rusos parados sobre Washington y quejándose de que “hemos perdido la guerra informática” tal vez sea divertida, pero tiene algo de verdad. Al fin y al cabo, el objetivo de nuestros enemigos es crear un código que transfiera todas las acciones actuales a la esfera de los virtual con tal de crear una Babel digital. La comprobación de la realidad no es algo tan fácil como la gente normalmente cree y si queremos destruir la domocracia, la virtualidad, la Postmodernidad y la Modernidad occidental en general – ¿cómo lograr algo semejante? – es necesario combatir el fuego con el fuego. Los rusos debemos aprender a conocer las leyes operativas de la dromocracia y ganarles a nuestros enemigos en su propio terreno (¡incluyendo la informática!). No es una abstracción, sino una necesidad de la que depende nuestra victoria.

Lo primero es comprender la naturaleza del tiempo para los rusos, en especial porque siempre comprendemos las cosas de forma lenta y nos retrasamos al poner en marcha lo que hacemos. Un viejo proverbio de nuestro pueblo reza que “los rusos nos tardamos mucho en montar, pero cabalgamos a gran velocidad”. Ha llegado el momento de que empecemos a cabalgar rápido antes que todo se venga abajo. Mientras más rápido empecemos a cabalgar más rápido podremos arreglar todo. Nada de lo que hemos dicho hasta ahora se solucionará con simplemente conectar a nuestros soldados a una red informática, acelerar la toma de decisiones o tener mejores sistemas de seguridad, aunque debemos ponernos a la altura de nuestros enemigos. Volvemos de nuevo al mismo problema, no hemos realizado los cambios necesarios en nuestra sociedad y eso quedó demostrado en como actualmente los funcionarios especulan con el precio de los uniformes durante las movilizaciones parciales. El hecho de que tales especulaciones no hayan sido castigadas es una mala señal. Las autoridades siguen actuando como si nada hubiera cambiado mientras nos precipitamos a un abismo a toda velocidad. Resulta imperativo pensar en algo más si no queremos morir, de lo contrario terminaremos estrellándonos por no decir algo peor… quizás acabemos recorriendo el camino equivocado.

Combatir la dromocracia no es tarea fácil, nuestra misión no consiste en superar a Occidente, sino de vencer la arrogancia y el vértigo de sus decisiones actuando a la velocidad del rayo y con gran sensatez. Los rusos no tenemos derecho a seguir soñando y estar aletargados.

Traducción de Juan Gabriel Caro Rivera