Los sacerdotes de la historia

06.10.2021

Traducción de Juan Gabriel Caro Rivera

Desde hace un tiempo politólogos estadounidenses empezaron a usar el concepto de “Estado profundo”. Siguiendo su ejemplo, Vladislav Surkov, en un famoso artículo, empezó a hablar de “nación profunda” (1). Ambos conceptos hacen referencia a que existen constantes o núcleos permanentes que no cambian a pesar de que se producen transformaciones históricas en los gobiernos. Estas constantes son la causa que existe detrás de acontecimientos movedizos que parecieran ser obra de grandes líderes o de la voluntad colectiva de los pueblos que intentan hacer realidad los sueños mismos de la humanidad.

Por lo tanto, surge la idea conspirativa de que aquello que creemos que es el deseo más íntimo de la humanidad y de las naciones es en realidad resultado de la acción de grupos cerrados que gobiernan la historia. La naturaleza tiene sus propias leyes a pesar de que se producen cambios en su interior: derretimiento de los glaciares, calentamiento de la atmosfera, caída de meteoritos, etc. Todo esto transforma el paisaje, la vegetación, el mundo animal e incluso provoca la evolución o extinción de ciertas especies. Por supuesto, esto también afecta a la sociedad humana, pero el ser humano es sobre todo un ser social. No obstante, mientras más Dios delega a los hombres todo de lo que Él se encargaba anteriormente (como las tormentas eléctricas, los terremotos y las lluvias de fuego) da la impresión de que el mismo hombre se hace con el control de la historia.

Si esto último resulta ser cierto, entonces es obvio que la historia es administrada y dirigida por una camarilla que permanece oculto a simple vista. La Primera Guerra Mundial, que fue una guerra terrible, horrorosa y que parecía no tener ninguna causa externa, excepto un incidente fortuito – el asesinato del archiduque Fernando –, barrió con la mayoría de las monarquías existentes: los imperios austrohúngaros, ruso, alemán y turco. Esta guerra destruyó por completo con el gran proyecto monárquico que existía desde hacía siglos y despejó el camino de muchos otros como, por ejemplo, el comunista soviético, el fascista alemán y el liberal occidental, liderado por los Estados Unidos. Estos tres proyectos sustituyeron al monárquico y en algún momento fueron contemporáneos. Los proyectos fascistas y soviéticos, tras infligirse mutuamente heridas mortales, desaparecieron sin dejar ningún rastro en la escena mundial y cedieron el monopolio de todo al proyecto liberal que en cierto momento parecía inamovible y omnipresente según el canto de victoria de Fukuyama. Pero el proyecto liberal, aparentemente inamovible y eterno, también fue derrotado por otros proyectos: la revolución islámica y la Gran Ruta de la Seda mediante el cual China quiere unificar a toda la humanidad.

Las teorías conspirativas explican todos estos procesos no sólo como un efecto del movimiento browniano de las corrientes históricas, sino por medio de la existencia de fuerzas que dirigen tales acontecimientos. Detrás de estos acontecimientos existen grupos y círculos invisibles que son super-competentes, super-poderosos, super-cautos y están ligados a procesos metafísicos por encima de la historia.

Existe un patrón en la historia rusa que podemos percibir a lo largo de los siglos. La Rusia zarista estaba basada sobre la monstruosa explotación del pueblo que fue impuesta con el nacimiento de la servidumbre. De ese modo, se acumularon enormes riquezas que fueron a parar a las reservas del tesoro del Zar y a las clases medias y altas.

Después de la revolución, esta riqueza desapareció: las reservas de oro de la Rusia de los Romanov se desvanecieron sin dejar rastro, disolviéndose en la vorágine de la Guerra Civil o apareciendo mágicamente en bancos suizos y estadounidenses. Los soviéticos recibieron un país lleno de indigentes y desangrado por la guerra. Los grandes logros que alcanzó la civilización de Stalin fueron resultado del trabajo del pueblo. Semejante esfuerzo hizo que una Rusia pobre se convirtiera en una enorme superpotencia que fue capaz de pintar dos tercios del mundo con rojo. La riqueza que acumularon los soviéticos fue inconmensurable: no sólo en oro, sino también en metales raros y diamantes almacenados en Gokhran. Pero la riqueza no se reducía únicamente a estos productos extraídos de la tierra o a las grandes fábricas e industrias: se trataba, antes que nada, de los conocimientos que había adquirido el pueblo, pues una nación de campesinos de repente se convirtió en una nación de pensadores.

Todos los logros del pueblo soviético – monetarios, materiales, espirituales – fueron destruidos en 1991 y Rusia saqueada junto con el “oro del partido”: todo nuestro patrimonio paso a ser propiedad de la civilización liberal occidental prolongando la existencia de esta última. Los intelectuales, científicos e ingenieros soviéticos trabajan ahora en los principales laboratorios del mundo. A Rusia no solo le fue arrebatada su riqueza material, sino también los territorios que habían estado unidos a ella durante siglos.

Tras el colapso que aconteció en 1991, el pueblo cayó en el abismo y la pobreza: muchos intelectuales se fueron a China en autobuses destartalados a cambio de osos de felpa. Sin embargo, el pueblo trabajaba duró y consiguió nuevas riquezas: casas particulares, coches y depósitos bancarios. Esto no solo se aplica a los multimillonarios, sino también a la gente corriente: trabajadores y pequeños empresarios. No obstante, estos ahorros bancarios se esfuman ante nuestros ojos y los ciudadanos rusos se empobrecen cada día más. Todos los recursos de nuestro país – petróleo, gas, diamantes – se van al extranjero, pero de los beneficios de la venta de estos recursos el pueblo no obtiene casi nada, mientras que la mayoría pasa a ser patrimonio de los monopolios mundiales. Una vez más, el pueblo ruso está siendo expoliado.

Y nos preguntamos, ¿qué oscuro actor está detrás de todo esto? ¿Quién es el causante de que el pueblo ruso sea robado en un intervalo de tiempo de unos cincuenta años? Por otra parte, ¿cuál es esta misteriosa fuerza que crea una nueva versión del imperio ruso después de que este colapsa y que nuevamente nos impone un gobierno imperial, autoritario y que se manifiesta tanto en un poder suave como en una dictadura despiadada?

Estos grupos o comunidades cerradas siguen existiendo sin importar en que sistema o siglo nos encontremos. Además, son prácticamente invisibles. Estos grupos también existen en la actual Rusia y uno puede intentar adivinar en dónde se encuentran para solo darse cuenta de que todas nuestras suposiciones son erróneas. Algunos dirán que están en la Duma estatal, en el Consejo de la Federación rusa, en el Consejo de Seguridad o incluso en el despacho presidencial, pero no es así.

Puede que estos grupos se reúnan en un número excepcionalmente pequeño: no en palacios o asambleas, sino en algún yate que navega por el Mar Egeo y, entre delfines saltarines, deciden que sucederá en el futuro. Tales grupos son invisibles porque el ojo inexperto es incapaz de descubrirlos, ya que se encuentran cubiertos por varias fachadas.

Una de esas fachadas es la cultura de masas que tiene por objetivo nublar las mentes de la gente y los curiosos con innumerables conciertos, fiestas privadas, festivales, escándalos sociales y telenovelas sin sentido. Esta fachada destruye a la mente inquisitiva y la mantiene en un constante delirio de alucinógenos. Los que son capaces de rasgar este velo multicolor, embriagador y sin sentido con el que nos topamos al ver las tertulias políticas luego deberán enfrentar la siguiente prueba. Los showmen del espectáculo, con su propaganda, impiden que el pueblo comprenda los verdaderos objetivos de la política. Las discusiones en televisión no tienen otro rol más que el de impedir la aparición de un verdadero pensamiento político, ya que temen que traspasemos el umbral de los grandes misterios al mostrarnos guiones brillantemente redactados que no nos dejan ir más allá.

Quienes logran superar este obstáculo y entran en el reino de la política real donde se entra en contacto con los diputados de la Duma, los senadores, los gobernadores, los generales del Estado Mayor y los poderosos oligarcas. Algunos pueden pensar que han encontrado el santo de los santos y están en comunión con los poderes celestiales. Sin embargo, estos afortunados y valientes se decepcionan ante lo que ven. Se dan cuenta de que la élite, incluido el Presidente, no son más que otra fachada tras la cual se esconde algo incomprensible que esta sellado con siete sellos y fuera del alcance de las mentes inquisitivas. Se trata de un fenómeno tan misterioso como la luz negra en la astronomía: un cuerpo celeste enorme ante el cual palidecen mil soles.

¿Será que estos sacerdotes que gobiernan la historia son en realidad magos que no solo tienen a su disposición medios políticos, económicos, militares y culturales, sino también tecnologías incomprensibles? Una de estas tecnologías desconocidas es el sacrificio de una víctima expiatoria. Esta víctima expiatoria puede ser un político, como Stalin, que fue envenenado, o el presidente Kennedy, que recibió el disparo de un rifle de francotirador, cuyas muertes cambiaron el curso de la historia.

Aquí también podemos incluir pueblos enteros como, por ejemplo, los azeríes y armenios que se enfrentaron en el sangriento conflicto de Nagorno-Karabaj (2). O lo que sucede con los rebeldes del Donbáss, cuyo sueño de crear una Nueva Rusia se ha convertido en una vena cortada de la que brota constantemente sangre. Igualmente, esta víctima ritual podría ser toda la humanidad que está siendo atacada por un virus maligno que se extiende por todos los continentes y países al llenarlos con miseria y muerte.

¿Acaso el envenenamiento de Navalny también hace parte de este sacrificio? (3) ¿El misterioso levantamiento de Bielorrusia, la derrota de la secta Vissarion, la rebelión religiosa del disidente Hieromonje Sergius o la autoinmolación de un periodista de Nizhny Novgorod deben también ser considerados como parte de esta trama? ¿No será que acaso las marchas populares en Jabárovsk, las protestas contra los basureros, el terrible envenenamiento de la naturaleza del Ártico y de las costas de Kamchatka son factores que, cada uno a su manera, afectan la situación de Rusia y van dirigidos a debilitar la influencia del presidente Putin?

¿Qué puede hacer un pensador frente a esto? Sólo una cosa: seguir investigando y convertir los resultados de esta investigación en metáforas poéticas o en una escritura secreta, como la que utilizaba Alexander Pushkin en sus cuadernos de trabajo, siendo este un medio para desentrañar los misterios del alma humana, de la historia de la humanidad y de todo el universo. ¿Acaso eso significa que debemos permanecer con los ojos bien cerrados?

Notas:

1. https://zavtra.ru/blogs/dolgoe_gosudarstvo_putina

2. https://zavtra.ru/blogs/krovavij_kavkaz

3. https://zavtra.ru/blogs/ukus_zmei