El ataque con drones sobre la región de Moscú ha destruido cualquier ilusión

11.09.2024

Un grupo entero de vehículos aéreos no tripulados atacó la capital rusa en la noche. Cabe decir que el sistema de defensa aérea alrededor de Moscú se encontraba activado. ¿Acaso se trata de un acontecimiento extraordinario? Debemos decir que, por desgracia, no lo es. Moscú, como el resto de Rusia, se encuentra en la primera línea del frente. Eso significa que todos somos blancos potenciales. Uno puede irse tranquilamente a la cama en su apartamento de Moscú y quizás no volver a despertarse. La guerra se extiende cada vez más y más por todo el país. Ni siquiera merece la pena hablar de Kursk, pues todos sabemos que pasa en Belgorod.

Y, obviamente, no tiene sentido preguntarse: ¿por qué nos hacen esto? Ahora todo está claro: la guerra es grave, la guerra es irreversible, la guerra es (como dicen) eterna. La guerra nos enfrenta al abismo de la muerte y la muerte es irreversible. Y después de haberla experimentado alguna vez – ya sea en el frente o en un piso de apartamento, en la ciudad o en la autopista – vivimos siempre en su presencia. La muerte por accidente puede descartarse, explicarse de algún modo o prescindir de ella. Cuando la muerte está ahí fuera, en algún lugar, cuando afecta a los demás, puede sin duda despreciarse, pero cuando llega la guerra, entonces la muerte habita en nuestras almas.

Cada día, casi rutinariamente, la muerte penetra más y más profundamente dentro de nosotros. Cada vez somos más conscientes de ella: en el pasado, en el presente y en el futuro. El hombre se enfrenta a su finitud no de forma diferida, sino en el aquí y ahora. Esto da a toda nuestra existencia una dimensión completamente distinta. La gente empieza a mirar de otra manera, a sentir de otra manera, a pensar de otra manera. Esto comenzó a ocurrir en el Donbass hace mucho tiempo y fue allí donde comenzó a producirse un proceso muy profundo de transformación. Poco a poco, el resto de Rusia se ha ido convirtiendo en el Donbass.

El ataque de vehículos aéreos no tripulados contra Rusia y, especialmente, contra la región de Moscú, ha destruido varias ilusiones. Todavía quedaba mucha gente que creía, sin haber entendido absolutamente nada, que la guerra pronto se acabaría. Esto último resultó ser un error fatal. Es necesario que nos preparemos para la guerra. Y sólo después de habernos dado cuenta plenamente de ello, entonces la sociedad será capaz de emprender el camino hacia la Victoria. No es el final de la guerra lo que está por venir, sino su comienzo, o más bien su cenit, pues cada vez está creciendo más y más en intensidad, escala, duración y fuerza. Y sólo cuando alcancemos el pico de la movilización de todas nuestras fuerzas, pensamientos, recursos y sentimientos en favor de la guerra, podremos ver desde esta cima de dolor y aguda presencia de la muerte el camino hacia la Victoria. Una victoria en la que todos están implicados. Y si no participamos todos, entonces no habrá victoria. La victoria es un don de Dios y nunca un accidente.

Ahora no tiene sentido discutir preguntas como ¿por qué estamos en guerra? Es una pregunta inapropiada. Simplemente estamos en guerra, es un hecho, y es imposible salir de ella sin haber obtenido la victoria. Tendremos que alcanzar la victoria. Por supuesto, nadie va a desfallecer por los ataques de esta noche. Y de ninguna manera vamos a negociar. Eso sería ridículo. Cada escalada sólo tendrá un resultado: una adecuada toma de conciencia de la guerra por parte de quienes aún no se han dado cuenta de su gravedad. Y una mayor militarización de la sociedad.

Traducción de Juan Gabriel Caro Rivera